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Un vuelo de repatriados trajo el cuerpo de un empresario que murió de coronavirus y no lo habían declarado

El cadáver embalsamado llegó en la bodega de un avión de Aerolíneas Argentinas durante un vuelo organizado por la Cancillería para repatriar a los argentinos que habían quedado varados en Estados Unidos en medio de la pandemia. Se abrió una causa penal.

Un vuelo organizado por la Cancillería para repatriar a los argentinos que habían quedado varados en Estados Unidos en medio de la pandemia, llegó el sábado con un cadáver guardado en la bodega de un avión de Aerolíneas Argentinas: no declararon que el hombre había muerto por coronavirus.

Se trata del empresario Elías Masri, de 91 años. Su cuerpo llegó el sábado pasado en un féretro herméticamente sellado, pero que no debió haber llegado nunca al país. La documentación que acreditaba que era portador de coronavirus no había sido aportada.

La Secretaría de Calidad de Salud del Ministerio que dirige Ginés González García radicó una denuncia penal para identificar al responsable de que ese cuerpo viajara sin que se supiera que había tenido coronavirus. Se sospecha es que se buscó ocultar intencionalmente ese dato para que se concretara, sin problemas, el ingreso al país, según consigna Infobae.

Masri, un abogado de la Universidad Nacional del Litoral que decidió dedicarse a los bienes raíces murió el 7 de abril a causa del coronavirus. La funeraria entregó el certificado de defunción a los familiares donde el documento aseguraba que la muerte fue por “causas naturales”. Sin embargo, en un reverso de ese documento se precisaba las razones de ese final: “Colapso respiratorio, COVID 19”.

Ahora, la causa penal investiga a los responsables de lo ocurrido bajo la figura del artículo 202 del Código Penal, que castiga con prisión de hasta 15 años de cárcel al que propague una «enfermedad peligrosa y contagiosa para las personas”.

El vuelo de Aerolíneas Argentinas llegó al país desde Miami, con 243 argentinos que habían quedado varados en Estados Unidos por la pandemia y conseguían así ser repatriados, en un traslado organizado por la Cancillería.